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Una fundación en Chile trabaja en la conservación marina a través de la educación ambiental de niñas y niños generando actividades y recursos.

La fundación Oceanósfera, en Chile, es una gota en el mar. Su onda expansiva busca hablar de problemas sin lugar en la discusión política, sacudir urgencias que no tienen más tiempo, promover una educación para la conservación marina, sensibilizar miradas. Conectar el océano con las personas. Construir una cultura oceánica.

Todo, con una férrea convicción de que Chile tiene un gran potencial para ser un país líder en la conservación marina. “Tiene la oportunidad de demostrar su compromiso y tomar un rol activo en la solución de los grandes desafíos de la conservación pendientes y de prevenir problemáticas futuras, de manera urgente, colaborativa y eficaz”, dice su presidenta, la Dra. Carolina Zagal.

Desde 2019, Oceanósfera promueve la comunicación y la educación de la conservación marina. Busca inspirar a las personas, especialmente en su niñez, a cuidar el océano y su biodiversidad.

Educación marina y comunicación ambiental: así trabaja Oceanósfera

Con tres áreas principales de acción -Actividades educativas marinas; Recursos educativos; Comunicación y colaboración-, los números de la organización dan cuenta de un nicho que necesitaba atención.

En estos años llevan realizadas unas 150 actividades en establecimientos educativos y 260 talleres para escolares, jóvenes, familias y guardaparques, además de charlas de divulgación y colaboración con otros organismos y entidades -es parte de la red global de la UNESCO que busca amplificar el impacto de la cultura oceánica-.

Además, han creado 24 materiales de educación marina -como libros, guías de campo, afiches y cuadernillos-, y sus recursos pedagógicos han sido descargados unas 185 mil veces y distribuidos en 16 regiones de Chile y 400 colegios.

El problema que enfrenta el océano de Chile

La educación marina que impulsan es importante justamente porque, a contramano de la rica biodiversidad, el país sudamericano enfrenta un panorama crítico. Problemas como la sobrepesca, la erosión costera, la contaminación, la destrucción del hábitat, la introducción de especies exóticas, el tráfico marítimo y el cambio climático están deteriorando la biodiversidad.

La situación también se ve afectada por prácticas industriales dañinas, como las de algunas salmoneras incluso dentro de áreas marinas protegidas, dice Carolina Zagal, con proyectos extractivos que amenazan la zona.

Casi la mitad de las especies de tiburones en Chile están bajo amenaza, otras varias están en peligro crítico -como las tortugas-, y hay áreas protegidas que carecen de planes de manejo efectivo, como el Archipiélago de Humboldt. 

Las medidas tomadas hasta ahora, sostiene Zagal, son insuficientes ya que “no se cumplen los acuerdos internacionales, no existe una implementación efectiva de las medidas existentes y hay un bajo compromiso presupuestario con el medioambiente”. | Continuar leyendo la entrevista completa en Somos el Cambio